lunes, 11 de julio de 2011

Una invitada inesperada

No recordaba cuanto tiempo había transcurrido desde que su cuerpo le rogara un descanso. Desde que sobrepasara la barrera del cansancio y sus pulmones se adaptaran a la velocidad.
No podía saber cuántas horas llevaba huyendo, y si aún era perseguida. Pero había llegado a ése punto en que ni siquiera sabía cómo frenar. Así que siguió corriendo.
Algo sí conocía, la dirección hacia la que se encaminaba. Si recordaba bien las palabras que Nacho le mencionara años atrás, no debía encontrarse demasiado lejos.

Unas hélices rugieron en el cielo recordándole que no estaba a salvo.
No se atrevió a mirar atrás, intentó seguir corriendo al amparo de los árboles, murmurando para sus adentros cuanto le faltaba para llegar. El “aerocam” debía estar pisándole los talones, pues el ruido que de él manaba cada vez era más insoportable.
Estaba desesperada… ¿Dónde estaría esa maldita cúpula? Su cuerpo volvía a rogarle un respiro, y nuevamente ella se lo negaba e intentaba ahuyentar la debilidad ensañándose en sus pensamientos, intentando cerrar los oídos a los que pronto delatarían su posición.
 Tan absorta de todo, tan concentrada en correr, llegó un momento en que se olvidó de usar los ojos. Un fuerte golpe la obligó a frenar, permitiendo un respiro a su cuerpo, el cual en unos segundos tomó el control de Carolina en un largo y esperado sueño.

El timbre llevaba sonando más de cinco minutos, cuando el Coronel Sanchez entró en la sala de comunicaciones.
Antes de sentarse en su butaca y responder a la llamada, tomó una copa de brandy entre sus manos y comprobó ante el espejo que su imagen correspondía a la de un auténtico “Dominus Urbem”. Sacó un peine que escondía en el reverso de su manga derecha y se acicaló el poco pelo que le quedaba.
—Coronel —le interrumpió una voz tras él —no puede hacerles esperar tanto, podrían sospechar.
Sanchez le miró por encima del hombro y sin mediar palabra, se sentó en la butaca, frente a la pantalla gigante.
—Aquí Galilei, Dominus Urbe de la Cúpula Plomada. ¿A quién tengo el honor de dirigirme?
—Al habla el Teniente Escabo. Una desertora se dirige a vuestra ciudad. Ruego que nos envíen refuerzos.
La silueta que se dibujaba en el monitor era la de un muchacho albino, apenas entrado en la adolescencia. Sus ojos estaban cubiertos por una especie de gafas de sol que se esmeraban en cubrir unos enormes ojos de color rojo.
Era un nocturno de primera generación. De cuando las mutaciones se hacían al abrigo del mundo y únicamente a unos pocos desgraciados, huérfanos en su mayoría.
—¿A qué distancia se encuentra el sujeto? ¿Cuántos sois?
— No podemos saber a qué distancia se encuentra, pero  no tardareis en tenerlo en vuestras puertas. Lleva todo el día huyendo, y un prisionero nos ha confesado que se dirigía a vuestra Urbe.  En estos momentos, uno de nuestros aerocams le pisa los talones. Estamos esperando a recibir la posición, pero parece que los radares no funcionan correctamente.

Con un gesto de aprobación, el capitán se dirigió a uno de los dos guardas que se encontraban tras su espalda —Avisa a los vigilantes. Que lo destruyan….— susurró. Acto seguido, el vigilante abandonó la sala.
—Ya hemos avisado a nuestros centinelas, Teniente Escabo. ¿Sabe porqué la prófuga se dirigía hacia nosotros?
—Lo lamento, Dominus. Solo sabemos que trataba de reencontrarse con un tal Nacho, el preso no pudo decirnos más. Murió a causa de las heridas, antes de que le pudiéramos extraer toda la información… creemos que pudiera tratarse de un “soñador”.
—Tendré que averiguar quién es ese hombre, no me gustaría enterarme de que nuestro techo cobija a terroristas. ¿Podemos quedarnos a la chica?
—Lo lamento Domi Galilei, pero nuestro Dominus nos ha ordenado fervientemente que se la entreguemos. Le preocupa que otros puedan tomar su ejemplo y quiere castigarla en público.
Sanchez se acarició el bigote mientras lanzaba una mirada a sus espaldas. El vigilante que aún perduraba tras él tragó saliva y apretó todos sus músculos faciales, intentando que de su rostro no se escapara ninguna expresión.
Iba a decir algo cuando la voz del otro lado del monitor le interrumpió súbitamente.
— ¡Hemos perdido la imagen del aerocam! ¡Parece que ha sido destruido!
—Calma — prosigió el capitán en tono compasivo— si nos indica su posición enviaré a alguien a buscarles. ¿Cuántos sois?
—Solo somos una nave, por eso no os preocupéis. Acabamos de aterrizar.
El muchacho comenzó a teclear sobre los mandos de su asiento, permitiendo que las coordenadas de su situación se hicieran visibles en la pantalla.
—Muy bien, si me permite…. —y se dirigió hacia el intercomunicador  de su antebrazo —“¡Garcia! Necesito que apunte las siguientes coordenadas y se la indique a los vigilantes”… muy bien…. Ahora lo comunicaré…— volvió a dirigirse al joven albino —  Hoy es vuestro día de suerte. Tenemos a la chica. No os mováis de la nave. Y sobre todo, saludos al…
Un fuerte estruendo cortó la comunicación y la imagen del Teniente Escabo desapareció de la pantalla.
—… Emperador — concluyó. Sánchez no era de los que dejan las frases a medias.
Se alzó del asiento con una mueca de satisfacción en el rostro.
— ¿No has sentido ningún remordimiento? No era más que un crío… — le abordó el muchacho de tez morena y ojos verdes que durante toda la conversación se había mantenido a sus espaldas.
—¿Remordimientos? Eso ya no era un niño, lo sabes perfectamente, y no podíamos correr el riesgo de que quisieran pasar.
—Ya pero… ¿era necesario?
—Absolutamente. Míralo por este lado, un enemigo menos para cuando lleguemos a la gran batalla. Además… ¿Se puede saber quién es esa chica? Nacho, ¿se puede saber a cuanta gente le has hablado de nosotros?
El muchacho guardó silencio, confuso… hacía años que no salía de la Cúpula, así que debía ser alguien de su vida anterior.
—No le des más vueltas—  prosiguió el coronel, casi como leyéndole el pensamientos —.Vayamos a conocerla.
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Carol despertó de un profundo sueño esperando encontrarse en una fría celda de metal, pero no. Su piel se encontraba abrazada por unas cálidas mantas, reposando sobre una especie de camilla, que en aquel momento le pareció ser el colchón más cómodo del mundo.
Trató de levantarse, pero aún estaba demasiado cansada y las agujetas apenas la dejaban mover un músculo sin clavarse como cientos de alfileres.
—Tranquila— le susurró una voz femenina— no tengas prisa. Te he hecho el examen médico y estás perfectamente, pero puedes permanecer aquí el tiempo que necesites. Te he inyectado algo para el dolor, y no creo que tarde en hacerte efecto —su voz era pausada y amable. Preparó una especie de brebaje y se lo ofreció. Carol no lo dudó ni un instante y lo aceptó con una sonrisa en los labios.
—Gracias. ¿Dónde estoy?
—En una consulta del hospital de Cúpula Plomada. Mi nombre es Diana, ¿Y el tuyo?
—Carolina… ¿En Cúpula Plomada? Comenzaba a pensar que no existía…
—Caíste rendida a las puertas. Tuviste suerte, la verdad… Carolina, puedes descansar el tiempo que necesites, pero en cuanto te sientas mejor deberás avisarme para que te lleve ante el General. Quiere conocerte, y creo que no es el único…
La muchacha era impaciente, e incapaz de esperar a estar más descansada, o a que la medicación le causara efecto. Se levantó de la camilla intentando abstraerse del dolor.
—Ya estoy lista.






—¿Sabemos su nombre?
—¿Sigues dándole vueltas a quién puede ser, muchacho? ¿A tanta gente le has hablado de nosotros?— el Coronel lucía un gesto extraño, muy pocos sabrían distinguir si era de represión o de burla. Nacho no era de ellos, y por eso su voz casi temblaba al hablar, divirtiendo aún más al viejo.
— No he estado en el exterior desde que llegamos con los niños. Si le hablé de nosotros debió de ser porqué confiaba en ella…
— ¿Y en cuantas más confiabas? ¿No utilizarías nuestra información como billetes de lecho, no?— las arrugas del coronel se agrupaban en su frente y sus ojos negros se clavaban en él, otra persona hubiera visto una tremenda carcajada reprimida, pero Nacho aún se puso más nervioso.
—En serio, solo le hablé a mi familia, a los chicos y chicas de la plantilla, y a mi exnovia. Los chicos de la plantilla están todos aquí, así que solo pueden ser mi madre… mi hermana o…
Justo en ese momento la puerta se abrió y tras ella apareció Carolina. Su oscura melena resaltaba la brillantez de su piel, y unas heridas en las mejillas desviaban cualquier mirada a sus ojos pardos. Estaba sucia, despeinada y con la ropa en un estado lamentable, sin embargo, él la vio más hermosa que  nunca.
— ¿Carolina?— Exclamó Nacho sin ocultar el más mínimo halo de emoción.
A pasos cortos y torpes ella se acercó a él y le abrazó con fuerza, más que por entusiasmo, para soportar el peso de sus piernas, las cuales aún seguían entumecidas por la carrera.
—Da gusto ver una cara conocida— le susurró al oído.
—Aunque esa cara haya cambiado tanto…
  —Nacho— intervino Sánchez — ¿Puedes dejarnos a solas?
—Sí, Capitán— contestó ortodoxamente mientras besaba la frente de la joven.
Cerró la puerta dejándoles solos. Carol no dejaba de ser una intrusa y era importante seguir el protocolo de seguridad.
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La entrevista duró más de seis horas, y lo que allí sucedía debía permanecer en secreto absoluto.
Cuando Carol salió, sonaban las campanas que indicaban que la comida estaba a punto de servirse en los comedores.
Nadie la esperaba en la puerta. No sabía hacia dónde ir y se sentía tremendamente cansada.
—Te acompañaré al “Viejo lobo” para que puedas comer, después intentaré asignarte un hogar— La irrumpió el Capitán, que salía de la estancia tras ella.

¿De que va ésto?

En el último Teseo escribí un relato... un relato que se me fué un poco de las manos, pués nació para tener más de 500 palabras.

Empecé a escribir y, para variar, lo aparqué. No le tengo un cariño especial, pero sí se lo tengo a mis dos novelas empezadas que actualmente reposan cubiertas de polvo...

Por eso, y para obligarme  a escribir, me he decidido a colgar aquí mi relato, "Sin poder mirar el cielo", e ir añadiendo poco a poco.
Si llega a algún puerto, quizá me anime a proseguir el ejemplo con las otras.

Muchos leísteis el relato en dicho concurso... bien... la primera entrega que cuelgo es anterior a la escena que representaba allí.